Me paro un instante y me quedo pensando. En estado de trance, miro a mi alrededor y encuentro una redacción en ebullición. Deben ser las seis de la tarde y la gente está ansiosa por dejar lista su nota, mientras en la mesa de edición ya se han tomado decisiones y perfilado la portada del día siguiente. Pero, ¿a qué suena la redacción de un diario en hora punta? En primer lugar, al sonido que desprenden las teclas de los ordenadores. Un “tucutú” constante que simula una música de fondo en la que los artistas cantan, bailan y se desesperan por dentro mientras buscan el titular perfecto en la inmensidad de una caja en blanco. Es el runrún que se esparce por todas las secciones, aunque cada una de ellas entra a un tiempo distinto. Ahí están, por ejemplo, Economía y Policiales, que ya pulsan sus últimas teclas, mientras en Política y Sociedad hace poco que han empezado a reordenar sus ideas. El otro sonido que nunca falta es el de la televisión. Por muy bajo que esté el volumen, las voces de los locutores se entremezclan con los protagonistas de las noticias y las músicas de los anuncios en un montaje que, dicen, representa la realidad. Apenas se escucha el ruido de la calle, incluidas las bocinas de los carros que atacarían los nervios en cualquier otra circunstancia. En ese momento de creación colectiva, los teléfonos sólo suenan de vez en cuando, a no ser que un redactor siga teniendo rumores que confirmar. Termino entre tantas vibraciones, entre tantos tonos y texturas, que cuando después leo el resultado final en forma de periódico me doy cuenta de lo que significan esos sonidos. Esas pulsaciones que me dan la vida y al mismo tiempo me enseñan a vivirla.
P.D. Gracias a este trabajo, puedo responder a preguntas como las que me hicieron en la Radio Nacional de Uruguay esta semana. http://www.sodre.gub.uy.asp1-4.websitetestlink.com/Sodre/tabid/117/Default.aspx?idNoticia=16802