Llegan aires de renovación para este blog, para esta historia y esta mi vida. Mañana a esta hora, cuando esté aterrizando en la capital egipcia, no tendré tiempo de volver la vista atrás y analizar estos cortos e impetuosos últimos meses. Seguramente me centraré en mi nueva aventura con nerviosismo, pero hoy que tengo tiempo, bajo el nocturno cielo de Madrid, prefiero esbozar unas ideas, acaso unos recuerdos nostálgicos de mis últimas horas en Perú.

Parecía difícil partir de una tierra que me ha acogido con tanta emoción durante el último año y medio. Dejaba en Lima a grandes amigos y me despedía de un diario que me dio numerosas satisfacciones en lo profesional, además de un notable cansancio. Las pasadas elecciones presidenciales se convirtieron en el eje informativo del año y yo estaba allí para narrarlo en un estado de emoción que creo no solo los periodistas serán capaces de entender. 

Decidí que una etapa acababa y otra iba a empezar en menos de 48 horas. Presenta tu renuncia, acelera los trámites burocráticos, organiza una cena de despedida en el chifa del barrio y recoge toda tu vida material en una maleta de 23 kilos mientras el chófer te está esperando en el portal. Brutal mezcla de sentimientos y, en definitiva, una incredulidad que sólo se acentúa cuando el avión toca tierra en Madrid. De vuelta a casa.

El regreso es siempre especial pero cada vez me resulta más irreal por lo que tiene de transitorio. Tres semanas no son suficientes para colmar las ganas de mamitis, papitis, amiguitis y familitis que todos necesitamos de vez en cuando. Desconecto en estos tiempos revueltos aunque mañana presiento que pensaré de otra manera. En esta ocasión, me espera Egipto y un ansiado puesto de corresponsal que además promete curvas. Espero reinventar el blog Limandodistancias desde tierras moras, con una nueva perspectiva de la llamada ”primavera árabe” y con las vivencias más llamativas. Para ello, volveré a abrir los ojos como aquella recién nacida que una vez pisó Lima y se quedó cautivada.

Advertisement