Habría que preguntarse cuántas ciudades del mundo tienen su “Kilómetro 0″. De alguna forma, todas lo tienen cuando alguien llega allí para quedarse y vacía de números su cuentakilómetros. Pareciera que lo que has vivido anteriormente no importa, no sirve cuando tienes que amoldarte a una realidad que nunca te habías imaginado. Es ahí cuando toca empezar de cero.
Las preguntas son las mismas, las respuestas también. ¿Cómo es Egipto? ¿Y El Cairo? ¿La comida? ¿El ambiente? ¿Los hombres? Aún no he tenido tiempo de ver nada. Y es cierto. En diez días sólo me he dedicado a buscar piso y a insertarme en la rueda de trabajo de la agencia.
Pero ya que preguntan, contaré algo. La religión lo impregna todo en este país. Llegué con el inicio del ramadán, cuando las personas empiezan a felicitarse entre ellas porque están de fiesta. Apenas duermen, ayunan hasta la caída del sol y trastocan cualquier horario con tal de estar listos para el “iftar” (la comida con la que rompen las privaciones mundanas).
Entre tanto, la ciudad no se detiene. Aunque sólo he salido de la isla de Yazira una vez desde que entré, desde las alturas se comprueba el intenso tránsito, las continuas llamadas a la oración y la luz que desprende la ciudad tanto de día como de noche. Las decenas de mezquitas que se ven desde mi habitación están decoradas con anillos verdes que brillan en la oscuridad y, mientras, el Nilo se mueve con la parsimonia que le dan los millones de años a sus espaldas.
A mis caminatas con los “simsars” (esos agentes inmobiliarios cuyo negocio incluye a los propietarios y, por supuesto, a las imprescindibles porteros o “bawabs”) en busca de ese piso de ensueño que parece he encontrado, se une la actualidad informativa que trato de asimilar a marchas forzadas. El juicio a Hosni Mubarak fue la noticia del día, pero los muertos en Siria no han parado de ocupar portadas desde que estallaran las protestas el pasado marzo. El árabe y mi analfabetismo radical merecen un capítulo aparte. Y también las delicias egipcias que, poco a poco, iré destapando.
