El viernes iba ser un día movido. Cualquiera que hubiera observado cómo se organizaba la llamada marcha por la “corrección del camino”, en la que miles de egipcios exigirían un empuje al proceso democrático, sabía que había riesgo de violencia. Lo que nadie intuía es que el escenario de las protestas terminase ante la embajada israelí en El Cairo.

La manifestación transcurrió pacíficamente durante la mayor parte del día. En la plaza de Tahrir se oían consignas contra el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, en el poder desde la caída del expresidente Hosni Mubarak, y los jóvenes portaban pegatinas pidiendo el fin de los juicios militares a civiles. Sólo de vez en cuando llegaban rumores de que todo acabaría desmadrándose. ¿Cuándo? ¿Dónde? Todavía era pronto para saberlo.

Un motivo para desconfiar eran los numerosos ultras de varios equipos de fútbol que se habían unido a la protesta en contra del ministro del Interior, Mansur Esawi, por una trifulca anterior. Marcharon hacia la sede del Ministerio pero se contuvieron de atacarlo. Tenía ya casi escrita la nota cuando vi en la televisión que un grupo de manifestantes se había dirigido ante la embajada de Israel en El Cairo y había empezado a derribar un muro de protección colocado hace poco. Era la misma escena que la de semanas anteriores, cuando cientos de egipcios habían expresado su furia tras la muerte de seis militares egipcios por un ataque aéreo israelí.

Por su parte, el Gobierno y las Fuerzas Armadas habían guardado cautela diciendo previamente que cualquier disturbio sería responsabilidad de los manifestantes y que sólo intervendrían en caso de ataque contra la propiedad. Para cuando el muro de la embajada ya había sido derribado, decenas de personas habían entrado en el edificio y caía de las alturas una lluvia de papeles de dudoso origen, los policías sólo miraban. Y mientras, ardía una dependencia de Seguridad del Estado…

Pendiente de todo lo que se difundía en internet, otra periodista de Efe me contaba por teléfono lo que veía. Algunas de mis palabras escritas: Gases lacrimógenos, carreras a ciegas, puestos ambulantes, despliegue de tanques, disparos al aire. Ante esa atmósfera de revolución inconclusa, el embajador israelí había puesto pies en polvorosa y seis israelíes esperaban ser rescatados por un comando especial egipcio cuyos miembros tuvieron que hacerse pasar por manifestantes antes de entrar en la infranqueable y al mismo tiempo vulnerable embajada.

Como parte de la historia también quedarán las llamadas perdidas del Gobierno israelí al mariscal Husein Tantaui y la intermediación estadounidense con amenazas de por medio. También la decisión del Gobierno y los militares de aplicar todo el peso de la Ley de Emergencia, la misma que lleva 30 años vigente y que pretendían derogar.

Pero cuando a la mañana siguiente preguntabas a los egipcios que seguían congregados y que de vez en cuando protagonizaba nuevos altercados, la mayoría se mostraba feliz porque habían conseguido por la fuerza lo que el gobierno no se atrevía a hacer en el terreno diplomático: echar al embajador israelí.

Algunos se reponían de la batalla campal durmiendo en los soportales. Otros se paseaban con botes de gas en una mano y pañuelos en la otra. También los había que se enzarzaban en riñas poco productivas o te rodeaban desconfiados al ver que eras extranjera. Menos mal que siempre hay un periodista local que, cual ángel de la guarda, te acompaña, te hace de traductor y te explica lo que ves pero no entiendes.

Al cabo de las horas, para cuando la previsión ya estaba mandada, las ganas de lucha se desvanecieron, pero el símbolo de la batalla permaneció en lo alto: una bandera egipcia ondeaba en lugar de la israelí.

http://www.rpp.com.pe/2011-09-10-manifestantes-mantienen-presion-frente-a-embajada-israeli-en-el-cairo-noticia_402644.html

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