Hoy he decidido romper mi silencio. Parecía que este blog iba a morir de un momento a otro, apabullado por la actualidad sin tregua en Egipto y el mutismo de su creadora. Tras varias idas y venidas, he decidido retomarlo según mi costumbre de los últimos dos años para así tener satisfechos a mis lectores, que por pocos que sean, merecen colmar su sed de relatos.

Escribo un día antes de que se cumpla el primer aniversario de la Revolución del 25 de Enero en Egipto. Han pasado muchas cosas desde mi última entrada, quizás demasiadas, pero en ningún caso intentaré resumirlas. Sólo diré que, sin haber vivido aquellos días en que el pueblo egipcio gritaba a Hosni Mubarak que se fuera, hoy en día el panorama es igualmente incierto.

He visto cómo la plaza de Tahrir se degradaba hasta niveles intolerables. Si las revolucione se hicieron con sangre, esta vez tampoco faltó en medio de tanta violencia gratuita. Hoy el aspecto que presenta el centro de la agitación es todo un símbolo de la decadencia de los movimientos que, pese a su intento de mantener viva la chispa de la protesta, han dejado paso a un campamento base de suciedad y malos augurios.

El descontento en esta carrera a contratiempo ha ido parejo a una transición política que iba tomando forma, primero con unas elecciones y luego con un Parlamento de mayoría islamista aplastante. Los egipcios ejercieron su derecho al voto entre más o menos presiones, más o menos infracciones, pero nadie pone en duda que salieron victoriosos los que más votos obtuvieron, en este caso, los Hermanos Musulmanes.

El papel del Ejército como garante de la democracia puede ser discutido y sus decisiones tardías y ambiguas no dejan de levantar sospechas. De cualquier forma, habrá que esperar a los acontecimientos de los próximos meses para saber si sus intenciones iban en la dirección correcta o si no hicieron más que maquillar la realidad para que nadie se espantara.

Egipto es por naturaleza revolucionario. Leyendo acerca de las manifestaciones que se organizaron en 1919 en contra de la ocupación inglesa, cualquiera puede darse cuenta de que el activismo moderno es una herencia adornada de nuevas tecnologías.

Mientras el espectáculo continúe, tendremos intrigas palaciegas entre la Junta Militar y los islamistas, ansiosos por dejar su impronta en el modelo de Estado y sociedad, cuyas bases ya controlan. Y Tahrir puede que quede en el imaginario colectivo como ese lugar común de rebelión contra el poder, o que resurja de sus cenizas en el momento menos esperado.

En vez de aparecer como una espectadora sedentaria que engulle bolsas de palomitas, a mí me veréis con el bolígrafo en la mano y la grabadora en ON. También puede que esté tecleando a toda velocidad para sacar las noticias de la convulsionada vida política y social de un país. Me preguntarán si me gusta. A decir verdad, me encanta. Aunque luego no me queden fuerzas ni para actualizar un sencillo y rudimentario blog como este.

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